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Servicios de Inteligencia en Sudam�rica. Estado de situaci�n en una perspectiva comparada

 

 

 

 

 

 

 

Carlos Maldonado Prieto

[email protected]

Instituto de Cooperaci�n

para la Seguridad Hemisf�rica

(WHINSEC)

Fort Benning, Georgia,

Estados Unidos

Junio de 2002


Introducci�n

 

Como es sabido, las dictaduras militares sudamericanas de los a�os setenta y siguientes, establecieron servicios de inteligencia que participaron activamente en la violaci�n de los derechos humanos. En parte, dichos servicios, muchas veces en forma clandestina, derivaron de las Direcciones de Inteligencia de las propias Fuerzas Armadas. En algunos casos, tambi�n reclutaron asus miembros de las Polic�as e incluso de agrupaciones de civiles.

 

Tampoco es desconocido que, pese a la tradicional rivalidad nacionalista, existi� cierta coordinaci�n de los servicios de inteligencia de las dictaduras militares del Cono Sur, especializadas en la represi�n pol�tica, que ha sido conocido como Plan C�ndor.

 

El presente trabajo intenta mostrar el desarrollo de los sistemas de inteligencia en cuatro de los m�s importantes pa�ses sudamericanos que han vivido procesos de dictaduras militares �o de un gobierno civil con un fuerte componente militar como en el caso peruano- y, posteriormente, de recuperaci�n de la democracia en a�os recientes. Se trata de un estudio comparado de los casos de Argentina, Brasil, Chile y el Per�.

 

Recuperada la democracia y venciendo fuertes resistencias corporativas, los diversos pa�ses han hecho esfuerzos por establecer servicios de inteligencia completamente nuevos �como ha sucedido en Chile y el Per�- o han reestructurado completamente las agencias ya existentes, como ha ocurrido en Argentina y el Brasil.

 

Al estudiar los procesos de establecimiento o reordenamiento de los sistemas de inteligencia de Estado en los pa�ses citados, se podr� analizar uno de los �ngulos menos conocidos de la relaci�n civil-militar y de la consolidaci�n de la democracia en la regi�n.

 

Actualmente, se asiste a una fuerte discusi�n p�blica en Am�rica Latina sobre la inteligencia, las libertades p�blicas y la seguridad en un mundo afectado por los acontecimientos del 11 de septiembre en Estados Unidos.

 

Por otro lado, ha habido se�ales de un resurgimiento del terrorismo en Chile[1] y Per�,[2] y problemas sociales como la insurgencia del problema mapuche,[3] entre otros. Todos estos acontecimientos se�alan la necesidad de un eficiente sistema de inteligencia en dichos pa�ses.

 

Hoy m�s que nunca, los servicios de inteligencia est�n llamados a preocuparse seriamente por fen�menos globales tales como el terrorismo, el narcotr�fico, el lavado de dinero, las amenazas al sistema democr�tico y la anticipaci�n de situaciones de crisis regional.

 

Hay consenso entre los acad�micos locales, que al analizar comparativamente la inteligencia en Am�rica Latina se pueden identificar dos rasgos distintivos. Por un lado, las estructuras que implementan la funci�n de inteligencia se caracterizan por identificar como �nico eje de acci�n la defensa nacional y la seguridad interior. Por lo mismo, son las Fuerzas Armadas y las Polic�as las que desarrollan la mayor capacidad en esta materia.

 

Aunque ha habido un fuerte proceso de democratizaci�n de las estructuras pol�ticas e institucionales de los pa�ses de la regi�n, dicho esfuerzo no ha producido cambios significativos con relaci�n a la inteligencia, toda vez que la matriz utilizada no ha variado.

 

Un segundo rasgo distintivo es la tensi�n que se observa entre la inteligencia y los derechos democr�ticos y como �sta se pretende resolver. Es posible que esta tensi�n sea la cuesti�n de mayor relevancia en naciones con democracias emergentes, puesto que en la actualidad, muchas de ellas no han logrado consensuar un proyecto pol�tico que establezca objetivos nacionales de mediano y largo alcance,[4] que permita direccionar adecuadamente la inteligencia estatal, aflorando siempre el riesgo de utilizar la inteligencia como un arma pol�tica del gobierno de turno, el uso impropio de informaci�n confidencial en contra de los adversarios pol�ticos internos, el desv�o de fondos estatales para actividades pol�tico-partidistas o de inter�s gubernamental y la violaci�n de los derechos de los ciudadanos y sus garant�as constitucionales, entre otros.

 

La experiencia de pa�ses con democracias consolidadas ha demostrado que una forma de enfrentar y superar dichos riesgos, es establecer sistemas de controles que tenga por objetivo asegurar la legitimidad y la eficiencia de estos organismos y sus actividades. Esta misma experiencia ha establecido que dicho sistema, m�s que significar restricciones y aumento de la burocracia estatal, aseguran su eficacia, limitan sus costos, incrementan su profesionalizaci�n y, finalmente, favorecen la aceptaci�n positiva por parte de la sociedad civil.[5]

 

En materia de estructuras de inteligencia, se pueden encontrar dos grandes modelos en la regi�n. Por un lado, hay pa�ses donde opera un organismo de inteligencia civil, que por lo general depende de forma directa del Presidente de la Rep�blica, combinando las funciones de inteligencia exterior, interior y de contrainteligencia. Se complementa con organismos militares de inteligencia. Por otro, se cuentan los pa�ses donde no hay un organismo civil. Se compone de un subsistema de inteligencia militar y, en el caso de existir, el organismo de inteligencia civil no depende del m�ximo nivel, sino del Ministerio del Interior. Es el caso actual de Chile.

 

De acuerdo a las tendencias existentes en la mayor�a de los pa�ses, y en particular en los Estados democr�ticos, los organismos de inteligencia dedicados a acumular informaci�n con el fin de proteger el orden democr�tico y la seguridad interior del Estado tienen car�cter civil.

 

Hay una serie de otros temas pendientes en el establecimiento de servicios de inteligencia absolutamente compatibles con los principios democr�ticos. Entre ellos est�n el secretismo de sus actividades que muchas veces es incomprendido o despierta justificadas sospechas en la poblaci�n; el uso de los gastos reservados y t�cnicas intrusivas como espionaje telef�nico y otras, y la falta de control por parte de las autoridades pol�ticas y judiciales; la ya citada tendencia a la utilizaci�n de los servicios de inteligencia para espiar a los enemigos pol�ticos internos en desmedro del desarrollo de una inteligencia estrat�gica con fines de alta pol�tica y defensa de los intereses nacionales; por �ltimo, el nuevo fen�meno del surgimiento de una inteligencia privada que se convierte en una fuerte competencia para la inteligencia producida por el Estado.

 

Hay consenso entre los especialistas en que la inteligencia �debiera ser empleada en el propioterritorio exclusivamente en relaci�n con las reales amenazas al Estado y al sistema democr�tico, con un criterio de excepcionalidad y no de generalidad�.[6]

 

Asimismo, en los pa�ses democr�ticos m�s avanzados es una norma que los organismos de inteligencia est�n sometidos a alg�n tipo de control externo, generalmente realizado por instituciones independientes, por ejemplo, el Parlamento o grupos ad hoc de personalidades independientes, constituyendo una de las m�s importantes formas de supervisi�n. Complementariamente, existen otros controles como el rol que desempe�a el Poder Judicial con respecto a la protecci�n de las libertades p�blicas y su efecto en relaci�n a las actividades que realizan los servicios de inteligencia.

 

Por otro lado, hay que hacer una distinci�n entre organismos policiales y de inteligencia estrat�gica. Por su funci�n espec�fica de recolecci�n de informaci�n abierta o clasificada, los servicios de inteligencia no tienen como fin colaborar estrechamente con la Justicia, como s� es el caso de los organismos policiales. Su tarea principal es m�s bien prevenir y evitar actos il�citos y asesorar a la instancia pol�tica. En la mayor�a de los casos, los servicios de inteligencia tienen capacidad para investigar a las personas, pero en general no pueden detener ni interrogar sospechosos. En muchos casos, surgen dificultades y fen�menos de competencia e interferencia entre los servicios, cuando las polic�as desarrollan departamentos de inteligencia propios, con el objeto de no depender de la informaci�n que entregan los organismos de inteligencia.

 

Conscientes de los peligros que acechan a los servicios de inteligencia, especialmente su militarizaci�n o su degeneraci�n hacia una polic�a pol�tica, los formuladores de pol�tica de algunos pa�ses sudamericanos est�n tendiendo cada vez m�s a la conformaci�n de �rganos de inteligencia de corte estrat�gico dotados de unidades y gabinetes de analistas de alta calificaci�n acad�mica, bajo una concepci�n de an�lisis interm�stico. Esto quiere decir que se debe interpretar y procesar la informaci�n en simult�neo desde un enfoque exterior e interno, seg�n el patr�n que sigue la agencia de inteligencia brasile�a.[7]

 

En un plano general, se puede hablar de cuatro tipos de controles sobre los servicios de inteligencia. �stos son de car�cter administrativo, externo, judicial y p�blico. El control administrativo es ejercido por el Poder Pol�tico, y el propiamente interno de los mismos servicios; el control externo es ejercido mediante organismos de control independientes del Ejecutivo, generalmente lo ejerce el Parlamento; un tercer tipo de control es el que ejerce el Poder Judicial; hay un cuarto -y no por ello el menos importante- que es el control que ejerce la prensa y la opini�n p�blica.

 

En los estudios de casos que se presentan a continuaci�n, se podr� percibir el important�simo rol que juega el periodismo independiente en el control social de los servicios de inteligencia.

 

Argentina

 

Luego del desastre de la Guerra de las Malvinas y el t�rmino de la dictadura militar, los argentinos recuperaron la democracia. Tanto el gobierno del Presidente Ra�l Alfons�n como su sucesor, Carlos Menem, impusieron un severo control civil sobre las Fuerzas Armadas. Por medio de las leyes de Defensa Nacional y Seguridad Interior, respectivamente, los militares se vieron impedidos de actuar dentro de las fronteras del pa�s. Esto tambi�n se extendi� a las actividades de inteligencia.

 

Paralelamente, la Secretar�a de Inteligencia del Estado (SIDE), creada durante el primer gobierno del general Domingo Per�n, fue potenciada como el m�ximo organismo civil de asesoramiento directo del primer mandatario en materias de inteligencia.

 

Los atentados explosivos a la embajada israelita (1992) y a la AMIA (1994) en Buenos Aires provocaron un mayor fortalecimiento de las capacidades de la SIDE en materia de contraterrorismo y dieron lugar al nacimiento de la cooperaci�n policial en el �mbito del MERCOSUR, con la creaci�n del �rgano de la reuni�n de Ministros del Interior y equivalentes.[8]

 

Luego de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, las autoridades argentinas decidieron extremar las medidas de seguridad en todo el pa�s, especialmente en la Triple Frontera �en los l�mites con Paraguay y Brasil-, donde se sospecha que operar�an c�lulas del fundamentalismo isl�mico. En Ciudad del Este y Foz do Igua�u viven aproximadamente 30.000 habitantes de origen �rabe, y un buen n�mero de ellos mantiene estrechas relaciones con formaciones pol�ticas de sus pa�ses de origen, varias de las cuales podr�an tener car�cter terrorista.

 

Junto con reforzar los organismos de inteligencia y de polic�a, las autoridades pol�ticas tambi�n incrementaron los controles sobre dichos cuerpos. En enero de 1992, la ley No. 24.059 de Seguridad Interior estableci� una comisi�n bicameral de fiscalizaci�n de los organismos y actividades de seguridad interior e inteligencia.

 

La comisi�n est� integrada por seis miembros del Senado e igual n�mero de miembros de la C�mara de Diputados, designados por las C�maras respectivas. Tiene car�cter permanente y puede dictar su propio reglamento interno.

 

La comisi�n debe verificar que el funcionamiento de los organismos de inteligencia se ajuste estrictamente a lo preceptuado en las normas constitucionales, legales y reglamentarias vigentes, constatando la estricta observancia y respeto de las garant�as individuales consagradas en la Constituci�n, as� como las disposiciones contenidas en la Declaraci�n Americana de Derechos Humanos -conocida como Pacto de San Jos� de Costa Rica-, incorporada al ordenamiento legal argentino.

 

La comisi�n tiene todas las facultades y atribuciones necesarias para el cumplimiento de su cometido y, en especial, para la realizaci�n de las investigaciones que fueran pertinentes en los organismos de inteligencia. Est� especialmente facultada para: a) requerir de todo organismo o ente p�blico nacional, provincial o municipal, como asimismo de actividades privadas, toda la informaci�n que estime necesaria, la que deber� ser suministrada; b) requerir del Poder Judicial que cite y haga comparecer con el auxilio de la fuerza p�blica a las personas que se considere pertinentes, a fin de exponer sobre hechos vinculados a la materia de la comisi�n; c) requerir de los organismos judiciales pertinentes, se impida la salida del territorio nacional, sin autorizaci�n, de aquellas personas que constituyeran objeto de la investigaci�n a emprenderse, y d) proponer al Poder Ejecutivo las medidas tendientes a la superaci�n de las deficiencias que se advirtieran con motivo de las investigaciones propuestas.

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La comisi�n produce anualmente un informe p�blico al Senado y la C�mara de Diputados y un informe secreto, suministrado luego al gobierno, en el cual informa respecto de resultados de la labor desarrollada y las mejoras que es necesario implementar.

 

Aunque la citada comisi�n posee importantes facultades, existe la impresi�n de que su actividad ha tendido a ser m�s bien formal, no involucr�ndose profundamente en el control de las actividades concretas de inteligencia.[9]

 

Pese a los mecanismos de control introducidos, y probablemente debido a una fiscalizaci�n meramente formal, en los �ltimos a�os se han sucedido serias acusaciones en contra de los organismos de inteligencia. Varios dirigentes pol�ticos y de entidades de derechos humanos han acusado a la SIDE y a la inteligencia militar de escuchar clandestinamente sus conversaciones telef�nicas y sembrar sus oficinas con micr�fonos. Sin embargo, las denuncias judiciales no han prosperado hasta ahora, debido a que la legislaci�n del pa�s no contempla sanciones para dichas escuchas.

 

El hecho m�s grave se produjo cuando la SIDE, encomendada por el gobierno, pag� sobornos a unos senadores, de modo de asegurar la aprobaci�n de una controvertida ley que el Ejecutivo consideraba decisiva. Este esc�ndalo fue denunciado en junio de 2000 gracias a investigaciones period�sticas independientes. Seg�n �stas, el gobierno, a trav�s de la SIDE, habr�a sobornado con US$ 50.000 a una cierta cantidad de parlamentarios.

 

Asimismo, en noviembre de 2000, se hallaron micr�fonos en las oficinas de An�bal Ibarra, jefe del gobierno de la ciudad de Buenos Aires.

 

Anteriormente, otros dirigentes tambi�n hab�an presentado quejas similares. El ex Presidente Carlos Menem y el Vicepresidente del gobierno encabezado por Fernando de la R�a, Carlos Chacho �lvarez, del FREPASO, ambos severos cr�ticos del gobierno radical, denunciaron sendas intercepciones telef�nicas.

 

A ello se agreg� la queja oficial de la CIA estadounidense acusando a la SIDE de falta de cooperaci�n y el seguimiento de sus funcionarios.

 

Finalmente, en octubre de 2000 y luego de una grave crisis en la alianza gubernamental �que incluy� la renuncia de Chacho �lvarez y el distanciamiento de una parte de la Uni�n C�vica Radical, el partido del Presidente De la R�a- el primer mandatario se vio forzado a despedir al jefe de la SIDE, Fernando de Santiba�es, un estrecho colaborador suyo y amigo personal.

 

Santiba�es, un economista graduado en la Universidad de Chicago, se hab�a granjeado las simpat�as de la opini�n p�blica al realizar dr�sticos cambios en la SIDE apenas asumi� el gobierno aliancista. Las medidas m�s importantes fueron la reducci�n de casi el 50% de los funcionarios �la mayor�a informantes y personal subalterno- y el consiguiente recorte del presupuesto institucional. Se estima que hasta la llegada del Presidente De la R�a el presupuesto era de unos US$ 360 millones al a�o. La reducci�n fue de m�s o menos el 50%. Seg�n algunas fuentes, la SIDE tendr�a actualmente un presupuesto anual de US$ 130 millones.[10]

 

Adem�s, Santiba�es limpi� sus filas de funcionarios involucrados en torturas y actos de represi�n, la mayor�a heredados del per�odo del gobierno militar, e instal� un destacado equipo de profesionales y acad�micos, con el prop�sito de mejorar la calidad del trabajo de inteligencia y recuperar la deteriorada imagen de la instituci�n, acusada de haber sido utilizada por el saliente gobierno peronista para sus fines pol�ticos particulares.

 

Algunos de dichos agentes exonerados se aglutinaron en torno a organizaciones de hecho y trataron de desprestigiar, e incluso extorsionar, mediante la informaci�n que conocieron durante su servicio, a las autoridades de la inteligencia civil.[11]

 

Despu�s de los esc�ndalos denunciados, se hicieron esfuerzos por introducir mayor transparencia en el �mbito de la inteligencia. En diciembre de 2001, el Parlamento aprob� y el gobierno public� la nueva ley No. 25520 de Inteligencia Nacional, la que reforz� nuevamente los controles sobre los servicios.

 

En el art�culo 4 se establece que ning�n organismo de inteligencia puede realizar tareas represivas, ni poseer funciones policiales ni de investigaci�n policial. Tampoco puede almacenar datos sobre personas por el solo hecho de su fe religiosa, raza, etc., as� como por la actividad l�cita que desarrollen en cualquier esfera de acci�n. Asimismo, se destaca que son inviolables, excepto una orden judicial en sentido contrario, todas las comunicaciones telef�nicas, postales, etc.

En el orden organizativo, la ley cambia el nombre de la SIDE por el de Secretar�a de Inteligencia, renombra la Direcci�n de Inteligencia Interior de la ex SIDE por la de Direcci�n Nacional de Inteligencia Criminal, y crea la Direcci�n Nacional de Inteligencia Estrat�gica Militar que debe tener a su cargo a los servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas.

 

La nueva Secretar�a est� a cargo del Secretario de Inteligencia, con rango de Ministro de Estado, el cual es designado por el Presidente de la Rep�blica, previa consulta no vinculante con la Comisi�n Bicameral de Fiscalizaci�n de los Organismos y Actividades de Inteligencia del Congreso.

 

La ley se�ala expresamente que cualquier intervenci�n de interceptaci�n deber� ser solicitada a los tribunales. Para ese fin se crea la Direcci�n de Observaciones Judiciales, �nico organismo al interior de la Secretar�a facultado para realizar dichas operaciones.

 

Tambi�n llama la atenci�n el art�culo 23 que proh�be desempe�arse como funcionario de todo organismo de inteligencia a quienes registren antecedentes por cr�menes de guerra, contra la humanidad o por violaci�n a los derechos humanos.

 

Por �ltimo, se crea la Comisi�n Bicameral de Fiscalizaci�n de los Organismos y Actividades de Inteligencia del Congreso �que en la pr�ctica reemplaza a la comisi�n que instituy� la ley No. 24.059 de 1992-, la que tendr� amplias facultades para controlar e investigar de oficio. A su requerimiento, y con los recaudos establecidos en la propia ley, los organismos del sistema de inteligencia nacional deber�n suministrar la informaci�n o documentaci�n que la Comisi�n solicite. Asimismo queda facultada para recepcionar denuncias formuladas por personas f�sicas y jur�dicas sobre abusos o il�citos cometidos en el accionar de los organismos de inteligencia y la investigaci�n de las mismas.

 

Brasil

 

En el caso brasile�o, los servicios de inteligencia tambi�n son de larga data. El primero de todos fue el Servicio Federal de Informaciones (SFICI), creado en 1946, en plena vigencia de la democracia. Los militares lo cambiaron por el Servicio Nacional de Informaciones (SNI), en 1964, luego del golpe de Estado. Tambi�n se cre� la Escuela Nacional de Informaciones.

 

Estos organismos fueron concebidos como auxiliares de la Doctrina de Seguridad Nacional, que consideraba cualquier tipo de disidencia interna como un enemigo en potencia. En este sentido, colaboraron especialmente en la eliminaci�n de los grupos guerrilleros que surgieron en ese per�odo, y en el control de la oposici�n pac�fica contra el r�gimen militar.

 

En 1985, al retorno de la democracia, comenz� la reestructuraci�n del sistema de inteligencia. En 1990, el Servicio Nacional de Informaciones ces� sus funciones. El Presidente Collor de Melo cre� en 1992 la Secretar�a de Asuntos Estrat�gicos (SAE). Y el Presidente Itamar Franco agreg� al SAE una Subsecretar�a de Inteligencia (SSI).

 

Desde 1995, el Presidente Fernando Enrique Cardoso trabaj� en la idea de crear la Agencia Brasile�a de Inteligencia (ABIN). El proyecto fue presentado al Congreso en 1997 y aprobado dos a�os m�s tarde.

 

La ABIN fue creada mediante la ley No. 9.983, en diciembre de 1999. Simult�neamente, se estableci� una comisi�n bicameral de control, compuesta por los presidentes de los bloques mayoritario y minoritario de la C�mara de Diputados y del Senado federal, as� como los presidentes de las comisiones de Defensa y Relaciones Exteriores de ambas c�maras.

 

Esta ley instituy� el Sistema Brasile�o de Inteligencia y la Agencia Brasile�a de Inteligencia, la ABIN. Para marcar la diferencia con el pasado, el eslogan de la ABIN es �La inteligencia en defensa de la sociedad, el Estado democr�tico de Derecho y los intereses nacionales�.

 

La ley seala que la ABIN es un �rgano de asesoramiento directo del Presidente de la Rep�blica, y tiene a su cargo planificar, ejecutar, coordinar, supervisar y controlar las actividades de inteligencia del pa�s.

 

El director general de la ABIN es nombrado por el Presidente de la Rep�blica, previa aprobaci�n por el Senado federal.

 

Asimismo, la ABIN absorbi� la unidad t�cnica encargada de acciones de inteligencia vinculada a la Casa Militar de la Presidencia. Lo mismo ocurri� con las actividades de inteligencia de la Secretar�a de Asuntos Estrat�gicos de la Presidencia.

 

La agencia est� compuesta por la direcci�n ejecutiva de planificaci�n y coordinaci�n y los departamentos jur�dico, de tecnolog�a, de administraci�n, de inteligencia, de operaciones de inteligencia, de contrainteligencia, adem�s de la escuela de inteligencia y organismos regionales.

 

Aparte del control parlamentario ya descrito, existe un control interno -tambi�n a nivel contable-, ejercido por la Secretar�a de Control Interno de la Presidencia.

 

En mayo de 2002, fue aprobada una ley que fija la carrera de los funcionarios de inteligencia. Seg�n �sta, los cargos son llenados por concurso p�blico e incluyen ex�menes de conocimiento, presentaci�n de t�tulos y ex�menes de salud f�sica y mental. Luego de la incorporaci�n, el nuevo funcionario debe aprobar un curso de formaci�n en la Escuela de Inteligencia de la propia ABIN.

 

La ley tambi�n fij� una planta de 1.600 analistas de informaci�n, de nivel superior, y 300 auxiliares de informaci�n, de nivel intermedio, medida que deber� ser efectiva completamente a partir del 1 de enero de 2003.

 

El presupuesto de la agencia, al menos para el ao 2001, fuede US$ 12 millones.

 

Paralelamente, en diciembre de 2000, mediante el decreto No. 3.695, el gobierno brasile�o cre� el Subsistema de Inteligencia de Seguridad P�blica, integrado por los Ministros de Justicia (Interior), Hacienda, Defensa e Integraci�n Nacional, y el Gabinete de Seguridad Institucional de la Presidencia. Esta nueva organizaci�n es dirigida por la Secretar�a Nacional de Seguridad P�blica del Ministerio de Justicia. El �rgano ejecutivo es el Consejo Especial del Subsistema de Inteligencia de Seguridad P�blica. Tambi�n participa un representante de la ABIN.

 

Por �ltimo, en mayo del mismo ao, mediante el decreto No. 3.493, la ABIN pas� a ser integrante del Gabinete de Seguridad Institucional de la Presidencia, central del Sistema Brasile�o de Inteligencia.

 

Precisamente, esta ltima medida fue muy criticada por consider�rsele contradictoria con la gnesis de la ABIN. Varios representantes del estamento acad�mico brasile�o consideran que la creaci�n de la agencia de inteligencia, o al menos su ubicaci�n en el organigrama del proceso de toma de decisiones, fue un paso atr�s, una verdadera remilitarizaci�n de las actividades de inteligencia. Dichos crticos se�alan que es una demostraci�n m�s de la fuerte presencia de las Fuerzas Armadas en el Poder Ejecutivo del pa�s.

 

Si antes de la creaci�n de la ABIN, el secretario general de la Presidencia, un civil, era el encargado de los temas de inteligencia, despu�s fueron los militares quienes se hicieron cargo por �rdenes del Presidente Cardoso. Asimismo, se sostiene que el verdadero creador de la ABIN fue el general en servicio activo del Ejrcito Alberto Cardoso, jefe de la Casa Militar de la Presidencia de la Rep�blica.[12]

 

A las posiciones cr�ticas respecto del predominio militar, se han sumado en los ltimos aos una serie de esc�ndalos en los que se ha visto seriamente comprometida la ABIN, circunstancia que pone en tela de juicio su actuaci�n dentro del marco del estado de Derecho.

 

En noviembre de 2000, la prestigiosa revista Veja denunci� que agentes de la ABIN hab�an espiado, entre otros, al Ministro de Salud, Jos� Serra �actual candidato a la Presidencia-, as� como al gobernador del estado de Minas Gerais y ex Presidente Itamar Franco, un f�rreo opositor al gobierno.

 

Frente al estallido del esc�ndalo, el gobierno se apresur� a desmentir las denuncias. Sin embargo, el c�mulo de pruebas sembr� m�s dudas que certezas sobre el servicio de inteligencia y la capacidad del gobierno para controlarlo. Itamar Franco retruc� afirmando que �no basta la protesta formal� y calific� el asunto como propio de �una mentalidad fascista�.

 

Pero la situaci�n se complic� m�s todav�a, cuando se revel� en el curso de la investigaci�n que abri� la Procuradur�a, que la ABIN tambin hab�a espiado a grupos de derechos humanos y ecologistas -Greenpeace y Justicia Global, un grupo vinculado a Human Rights Watch-, a la secta del coreano Sun Myung Moon, al Movimiento de los Sin Tierra y a un hijo del propio Presidente Fernando Henrique Cardoso.

 

Un tercer elemento termin� por desacreditar complemente a la ABIN. A las denuncias por seguimientos ilegales se sum� el hecho de que un buen nmero de sus agentes proven�a de los tiempos de la dictadura, quienes no hab�an sido purgados por las nuevas autoridades.

 

El esc�ndalo forz� la renuncia del director general de la ABIN, el coronel Ariel de Cunto, despu�s de conocerse que hab�a ascendido a un alto funcionario acusado de torturas, en vez de expulsarlo, y por ser el responsable jer�rquico de los funcionarios comprometidos en el espionaje denunciado.

 

Como reacci�n a la revelaci�n de estos antecedentes, el Parlamento federal instituy� una comisi�n especial para investigar el esc�ndalo. La misma estuvo compuesta por tres senadores y tres diputados.

 

En el curso de dicha investigaci�n, se revel� que un grupo de agentes de inteligencia provenientes de la poca de la dictadura militar pero todav�a empleados en la ABIN, insatisfechos con las nuevas directrices del gobierno, se habr�an concertado para espiar al Presidente de la Repblica. El cabecilla de dicha banda, quien grab� conversaciones telef�nicas de Cardoso en 1998, entonces utilizadas para acusar al gobernante de inmiscuirse en un proceso de privatizaci�n, orden� �pinchar� di�logos de otras autoridades, que luego habr�a distorsionado y entregado a algunos medios de la prensa brasile�a.[13]

La comisi�n tambin se enter� que en la ABIN segu�an desempe��ndose 226 agentes heredados del per�odo militar. El gobierno se comprometi� a comparar los nombres de sus agentescon los torturadores denunciados en el informe de derechos humanos publicado en 1985.

Chile

 

Los servicios de inteligencia son bastante recientes en la historia pol�tica chilena. Hasta 1973, solamente las Fuerzas Armadas y las Polic�as cumpl�an estas funciones.

 

Luego del golpe de Estado, el general Augusto Pinochet organiz� una polic�a pol�tica al margen de las instituciones castrenses y policiales, destinada a combatir la disidencia a su r�gimen de facto. A fines de 1973 naci�, en forma secreta, la Direcci�n de Inteligencia Nacional (DINA), al mando de un coronel del Ej�rcito e integrada por personal uniformado enviado en comisi�n de servicio. En 1978, la DINA fue disuelta y reemplazada por la Central Nacional de Informaciones (CNI) �compuesta en su mayor�a por personal del Ej�rcito-, la que dej� de existir d�as antes del t�rmino del gobierno militar.

 

Perdura en la memoria colectiva de los chilenos la actuaci�n criminal de dichos servicios. Principalmente, la DINA es responsable del asesinato y la desaparici�n de centenares de opositores.

 

Por su connotaci�n especialmente represiva, ninguno de estos organismos fue capaz de llevar adelante inteligencia estrat�gica de calidad. De hecho, la DINA y la CNI no fueron capaces de predecir hechos como el movimiento guerrillero de la monta�a de Neltume de los aos ochenta, el atentado al general Augusto Pinochet en 1986, la guerra de las Malvinas, la crisis lim�trofe de 1978 con Argentina, la derrota en el plebiscito presidencial de 1988 ni la internaci�n de armas en Carrizal Bajo, realizada por el Frente Patri�tico Manuel Rodr�guez (FPMR), el brazo armado del Partido Comunista.[14]

 

Hay que tener en cuenta que en 1995, el ex jefe de la DINA, general � Manuel Contreras, fue condenado y encarcelado en Chile por el asesinato de Orlando Letelier, ex canciller del gobierno de Salvador Allende, y su secretaria, la estadounidense Ronni Moffit, crimen ocurrido en Washington, D.C., en 1976.

 

Recuperada la democracia, los gobiernos civiles se han esforzado por restablecer una sana convivencia con las Fuerzas Armadas bajo el principio del control civil sobre los militares. No obstante, la transici�n democr�tica chilena fue especialmente dificultosa, debido a los llamados enclaves autoritarios de la Constituci�n de 1980 y la presencia de Pinochet al frente del Ej�rcito desde 1990 a 1998.

 

En el per�odo 1990-1992, se sucedieron varios esc�ndalos de espionaje pol�tico, donde aparecieron involucrados efectivos de inteligencia. Esos hechos mostraron la necesidad de reformar el sistema de inteligencia.

 

En 1990, un diputado gobiernista denunci� persecuciones y seguimientos que habr�an realizando miembros de la inteligencia militar a algunos parlamentarios y enfrente de dependencias de gobierno, con motivo de la negativa a la aprobaci�n de fondos p�blicos para los sueldos de antiguos agentes de la CNI adscritos al Ejrcito.[15]

 

En 1992, se produjo un oscuro incidente, conocido por su apelativo period�stico de Pi�eragate, en el que estuvo involucrado un capit�n del Ej�rcito que grab� clandestinamente la conversaci�n de Sebasti�n Pi�era, un importante dirigente de Renovaci�n Nacional, uno de los partidos de la oposici�n derechista. El incidente, entendido como una operaci�n pol�tica, sirvi� para desarticular al sector m�s liberal de la derecha pinochetista, y muchas sospechas recayeron en el servicio de inteligencia del Ej�rcito.[16]

 

En el mismo per�odo, la prensa denunci� un acto de espionaje en contra del gobierno y los partidos oficialistas, efectuadas por un supuesto agente Charly, quien result� ser un sargento perteneciente a la Direcci�n de Inteligencia del Ej�rcito (DINE).

 

Aunque el Ej�rcito desestim� las denuncias y s�lo en un caso el culpable recibi� sanciones menores, estos acontecimientos alertaron al gobierno. En abierta referencia a la actitud pasiva de la instituci�n castrense, el Ministro de Defensa, Patricio Rojas, manifest� que se realizar�a una revisi�n y una coordinaci�n de la normativa y actividades de todos los servicios de inteligencia que funcionan en el pa�s.[17]

 

La oportunidad se present� en 1991. Ese ao, el Presidente Patricio Aylwin cre�, v�a decreto, el Consejo de Seguridad P�blica para desmantelar a los grupos de guerrilla urbana, luego que �stos asesinaron en abril de 1991 al senador Jaime Guzm�n, fundador de la Uni�n Dem�crata Independiente, actualmente el mayor partido de oposici�n.

 

Aunque posteriormente dicho Consejo ha recibido cr�ticas por la utilizaci�n de informantes pagados, lo cierto es que fue eficiente en su misi�n, y en poco tiempo logr� desarticular a los grupos subversivos MAPU-Lautaro, Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y FPMR. Sus principales l�deres terminaron en la c�rcel. Esto se consigui� sin muertes ni torturas.

 

Simult�neamente con la creaci�n del Consejo, el gobierno envi� al Parlamento un proyecto de ley para establecer la primera agencia de inteligencia civil en la historia del pa�s.

 

Con fecha 30 de Abril de 1993, se public� en el Diario Oficial la ley No. 19.212, que dio origen a la Direcci�n de Seguridad P�blica e Informaciones (DISPI), como un servicio de car�cter directivo, t�cnico y especializado, dependiente del Ministerio del Interior. Expresamente, se estableci� como un organismo sin car�cter operativo.

 

La misi�n de esta Direcci�n es proporcionar al gobierno la informaci�n, los estudios, el an�lisis y las apreciaciones de inteligencia que �ste requiera para formular pol�ticas y adoptar medidas y acciones espec�ficas, en lo relativo a conductas terroristas y otras que puedan constituir delitos que afecten el orden p�blico a la seguridad p�blica interior.

 

A trav�s del Ministerio de Defensa se relaciona con organismos de inteligencia de las Fuerzas Armadas.

 

Menci�n aparte requiere el rol asignado por esta ley al Ministro del Interior, quien con el objeto de coordinar las actividades de los organismos de seguridad p�blica interior, se transforma en el receptor natural de toda la inteligencia producida por la DISPI, como as� mismo de toda informaci�n de que dispongan en las materias de competencia de la Direcci�n, las autoridades y funcionarios de la administraci�n del Estado que constituyen el Comit� Consultivo de Inteligencia.

 

Este Comit�, que se re�ne regularmente, es presidido por el Ministro del Interior y es integrado, adem�s, por el Subsecretario del Interior, el Subsecretario de Guerra del Ministerio de Defensa Nacional o su equivalente, el Subsecretario del Ministerio de Relaciones Exteriores, el Director de la DISPI, el Subjefe del Estado Mayor de la Defensa Nacional y los Jefes de Inteligencia de las Fuerzas Armadas y de las Polic�as de Carabineros (uniformada) e Investigaciones (civil). Acta comoSecretario del Comit�, el Jefe de la Divisi�n de An�lisis y Planificaci�n de la DISPI y, en su defecto, el jefe de la Divisi�n de Coordinaci�n. Alasreuniones del Comit� podr�nasistir las autoridades o funcionarios dela Administraci�ndel Estadocuya concurrenciasea solicitada por el Ministro del Interior.

Aunque no est considerado en la ley de la DISPI, el director del servicio tambin concurre al Comit� de Seguridad, que sesiona en forma quincenal. �ste tambi�n es presidido por el Ministro del Interior, y asisten como miembros el Subsecretario del Interior, el Subsecretario Carabineros, el Subsecretario Investigaciones, el Intendente de la Regi�n Metropolitana, el Subjefe del Estado Mayor de la Defensa Nacional, el Director de Orden y Seguridad de Carabineros y el Director de Investigaciones.

 

En su breve existencia, la DISPI no ha sido objeto de denuncias por violaci�n de los derechos ciudadanos ni otros actos il�citos. Esto se ha debido, en parte, a la excelencia en la selecci�n del personal de analistas �todos son profesionales universitarios- y de sus directores, considerados como personalidades intachables.[18]

 

La DISPI ha centrado su trabajo en el tema de la gobernabilidad democr�tica, a contrapelo del viejo esquema del enemigo interno de la Doctrinad de Seguridad Nacional y de la contrainteligencia tradicional contra los vecinos territoriales.

 

A prop�sito de los sucesos de espionaje que se produjeron al inicio de la transici�n chilena, en el per�odo 1992-1993 la Comisi�n de Defensa de la C�mara de Diputados hizo una investigaci�n de dichos eventos y redact� un informe sobre los servicios de inteligencia, en el que le recomendaba al gobierno establecer mecanismos de control interno de las actividades de inteligencia. Entre sus conclusiones, la comisi�n se inclin� por el despacho de una ley de Bases Generales de los Servicios de Inteligencia; incluso lleg� a redactar un anteproyecto de ley. Asimismo, consagr� una serie de principios b�sicos que deben orientar la actividad: a saber, a) seguridad de las personas y derecho a la intimidad y privacidad de las mismas; b) separaci�n entre el concepto de inteligencia interna e inteligencia en el �rea de defensa externa del Estado, y c) incorporaci�n de la fiscalizaci�n parlamentaria.

 

Sin embargo, las recomendaciones de la comisi�n, aunque fueron bien recibidas por el gobierno, quedaron relegadas a un segundo plano, en parte por la gran acumulaci�n de temas referentes a las Fuerzas Armadas, y en parte tambin esperando un momento de mayor normalidad para realizar dichas reformas.

Los ataques terroristas del 11 de septiembre en Estados Unidos dieron el motivo ideal para que el gobierno chileno planteara su intenci�n de crear un sistema nacional de inteligencia.

 

El proyecto de ley que present� al Parlamento el gobierno del Presidente Ricardo Lagos a fines de 2001, considera a la inteligencia como �un instrumento gubernamental leg�timo y necesario�, y al Sistema de Inteligencia del Estado que se pretende establecer como un mecanismo til e indispensable, debido a que �la reglamentaci�n vigente en materia de servicios de inteligencia adolece de insuficiencias en relaci�n con la eficacia de tal institucionalidad�.

 

El proyecto establece una Agencia Nacional de Inteligencia (ANI), que ser� cabeza del Sistema de Inteligencia del Estado. La ANI es concebida como un servicio p�blico descentralizado, de car�cter t�cnico y especializado. Depender� del Presidente de la Rep�blica, quien nombrar� a su director y ser� de su exclusiva confianza. Ser� la sucesora legal de la DISPI.

La ANI deber� realizar apreciaciones de inteligencia a nivel nacional e internacional; podr� requerir informaci�n a los servicios militares y policiales de inteligencia, y �aportar la informaci�n especializada para la formulaci�n de pol�ticas, estrategias, planes y programas necesarios para el resguardo de la seguridad del Estado, la seguridad del gobierno, la vigilancia del r�gimen democr�tico y la estabilidad institucional�.

 

El proyecto establece que para el caso de ser necesario el uso de acciones intrusivas y m�todos encubiertos, cada jefe de servicio �tanto civil como uniformado- deber� requerir autorizaci�n judicial ante un ministro de la Corte de Apelaciones de su jurisdicci�n. La ANI, en todo caso, pedir� la colaboraci�n de las Polic�as de Carabineros e Investigaciones para estos casos, pues no tendr� car�cter operativo.

 

El control interno lo ejercer�n los respectivos jefes de los servicios de inteligencia, y el control externo estar� en manos de la Contralor�a General de la Rep�blica, los Tribunales de Justicia y una comisi�n especial de la C�mara de Diputados.

 

Los principios fundamentales del proyecto, aplicables a todos los servicios de inteligencia existentes en el pa�s, son: a) respeto al ordenamiento jur�dico; b) respecto al r�gimen democr�tico y la estabilidad institucional; c) respeto a los derechos constitucionales de las personas; d) autorizaci�n judicial previa; e) proporcionalidad de las medidas intrusivas; f) los funcionarios deben guardar reserva de por vida para garantizar la intimidad de las personas y la eficacia de las labores de inteligencia, y g) utilizaci�n exclusiva de la informaci�n para fines del Estado.

 

El proyecto fija para la ANI una planta no superior a 125 funcionarios. Esto contrasta con otros servicios analizados, cuya dotaci�n se mantiene en secreto o es infinitamente mayor.

 

A diferencia del inicio de la transici�n democr�tica, las Fuerzas Armadas han dado pleno respaldo a la idea del gobierno de crear la nueva agencia. De hecho, fueron consultadas durante todo el proceso de formulaci�n del proyecto de ley, el cual dur� casi un a�o.

 

En declaraciones a la prensa luego que el Ejecutivo presentara el proyecto a la opini�n p�blica, el general Roberto Arancibia Clavel, director de Inteligencia del Ej�rcito en ese momento, sostuvo que la labor de inteligencia debe entenderse como un aporte al crecimiento nacional y desech� categ�ricamente las inquietudes surgidas en la izquierda, que sufri� los rigores de la dictadura. En declaraciones a la prensa, Arancibia indic� que la implementaci�n de una agencia de inteligencia no puede entenderse como algo ajeno a la realidad del pa�s, sino como una entidad vital capaz de analizar todos los campos de acci�n posibles que puedan afectar el desarrollo. �Vivimos en un mundo globalizado, en competencia, que requiere que todos los esfuerzos del pa�s est�n apuntados a que a Chile le vaya bien�, acot� el jefe militar.


Sostuvo que los atentados ocurridos en Estados Unidos obligan a pensar en la conveniencia de una agencia de an�lisis de inteligencia, una actividad que debe orientarse a aprovechar oportunidades y disminuir las amenazas contra el pa�s.
Record� que desde el 11 de septiembre, cuando fueron perpetrados los ataques terroristas, el Comit� Consultivo de Inteligencia chileno ha estado en alerta permanente.[19]

 

Seg�n se comprueba por una serie de documentos de trabajo e investigaci�n, en el seno de las Fuerzas Armadas se ven�a desarrollando una nueva visi�n sobre la actividad de inteligencia, la que hasido fuertemente influida por los cambios producidos en el pa�s desde la recuperaci�n de la democracia. Como seala un autor militar, �lo esencial es asumir que la inteligencia entr� en la din�mica del cambio y el pluralismo, un sello de estos tiempos (...) La cuesti�n de la inteligencia, sus roles, capacidades, objetivos, su direcci�n, su actividad, su control, etc., siguen siendo un tema pendiente desde 1990�.[20] Concluye afirmando que �toda esta reforma debe tener como objetivo �ltimo disponer de un sistema de inteligencia no s�lo capaz de hacer frente a la creciente demanda de informaci�n que necesitar� nuestro gobierno en el siglo que se inicia, sino que ofrezca ese potencial con un absoluto respeto del Estado de Derecho y a los principios democr�ticos que gu�an nuestra actual sociedad�.[21]

 

El mismo autor reci�n citado propone la creaci�n de una Escuela Nacional de Inteligencia y la consolidaci�n de una pol�tica de inteligencia transparente y abierta a las distintas �reas de la comunidad mediante cursos, seminarios y conferencias.

 

Otro autor militar sugiere que la comunidad de inteligencia est� dirigida por un Consejo Consultivo de Inteligencia, que sea convocado por el Ministro Secretario General de la Presidencia.[22]

 

Por su parte, Guillermo Holzmann, profesor de la Universidad de Chile y experto en temas de inteligencia,cree que el organismo de inteligencia debe tener rango ministerial y depender directamente del Presidente de la Rep�blica. Debe ser peque�o y estar estructurado alrededor de cuatro ejes tem�ticos fundamentales: a) pol�tico nacional e internacional; b) estrat�gico y Defensa; c) econ�mico nacional e internacional, y d) cient�fico y tecnol�gico.[23]

 

En todo caso, la prensa local se ha hecho eco de la pol�mica que ha surgido por el proyecto. �sta se concentra en la dependencia de la nueva ANI y la modalidad para el nombramiento del futuro director de la agencia. Los parlamentarios desean tener injerencia en el nombramiento o, por lo menos, en su remoci�n. No quieren que en el futuro el organismo se transforme en una polic�a pol�tica al servicio del gobierno de turno.

 

Tambi�n hay discusi�n sobre la dependencia. Algunos piensan que la ANI deber�a depender del Ministerio del Interior, y que sea �ste el pol�ticamente responsable frente a eventuales dificultades en el futuro. Baldo Prokurica, un senador de oposici�n, se�al� que, en todo caso, el director de la ANI debe ser un civil.[24]

 

Seg�n seala el influyente diario El Mercurio, el proyecto �postula la ANI como un servicio no operativo que se relaciona directamente con el Presidente de la Rep�blica y que coordina las seis dependencias que hoy existen en estas materias, como son las de cada una de las tres ramas de las Fuerzas Armadas, de Carabineros, de Investigaciones y la Direcci�n de Seguridad P�blica e Informaciones. El proyecto, rechazado por el Partido Comunista por estar destinado a perseguir a los enemigos del sistema, ha contado con el apoyo parcial de otros sectores pol�ticos, que han manifestado la necesidad de que el Senado apruebe la designaci�n del jefe de la oficina propuesto por el Presidente de la Rep�blica y que su objetivo sea reunir informaci�n para combatir el terrorismo, el narcotr�fico y las actividades que amenacen la seguridad de las personas. Asimismo, se ha sugerido la creaci�n de un consejo integrado por representantes de los poderes Legislativo y Judicial que garantice el respeto de los derechos de las personas�.[25]

 

Otros consideran que se deber�a incrementar el control parlamentario a tres niveles: mediante la aprobaci�n del nombramiento del director del organismo de inteligencia designado por el Presidente de la Rep�blica; a trav�s la aprobaci�n del plan de inteligencia anual, y por medio de la solicitud de cuentas peri�dicas de la labor realizada y del gasto presupuestario.

 

El proyecto de la ANI tambi�n ha recibido cr�ticas desde la izquierda. Es el caso de la abogada de derechos humanos y dirigente del Partido Socialista �en el gobierno-, Pamela Pereira. Ella considera que el proyecto �propone un sistema que violenta las garant�as individuales, porque violenta la libertad de las personas. Adem�s, con el sistema de inteligencia m�s la agencia, se crea un monstruo con dos cabezas, que est� fuera de todo control eficaz y en el que el ciudadano com�n queda absolutamente desprotegido�. A�ade que �cualquiera que tenga una opini�n discrepante va a pasar a ser un sospechoso y, por lo tanto, va ser objeto de investigaci�n. Los sospechosos van ser los ecologistas, los ind�genas, los organismos de derechos humanos, de derechos de los ciudadanos, los partidos pol�ticos, sindicatos�.[26]

 

Por ltimo, el Parlamento chileno discute actualmente un proyecto de ley que establece una Unidad de An�lisis e Inteligencia Financiera que funcionar� como una dependencia del Ministerio de Hacienda y que tiene por fin controlar el lavado de dinero. De este modo, el pa�s podr� cumplir con compromisos asumidos en los tratados suscritos, como es la Convenci�n contra el Crimen Transnacional Organizado y las obligaciones internacionales adquiridas por la incorporaci�n al Grupo de Acci�n Financiera de Sudam�rica.

 

Per�

 

Los servicios de inteligencia peruanos, igualmente que en otros pa�ses de la regi�n, siempre estuvieron en manos de los militares. Pero no es hasta 1992, cuando el Presidente Alberto Fujimori y la c�pula militar dieron un autogolpe, que la inteligencia se convirti� en un arma esencial para la sustentaci�n del r�gimen.

 

Como se�ala un distinguido testigo de dichos acontecimientos, �en 1992, se cambian las reglas de juego b�sicas y se impone una concepci�n de democracia que buscaba la eficacia en la lucha contra el terrorismo y la introducci�n de un modelo de reglas de mercado libre, que siendo eficaz en lo primero, hizo tabla rasa del respeto a los derechos humanos e impuso la cultura de lo secreto al amparo de la cual creci� como un hongo el m�s alto grado de corrupci�n que haya conocido el mundo. Todo ello, hay que reconocerlo, con participaci�n de las Fuerzas Armadas dentro de las cuales se teji� una red de corrupci�n conducida desde una c�pula que manipul� el poder para delinquir�.[27]

 

En 1991, el Presidente Fujimori hab�a tratado sin �xito de modificar el sistema de inteligencia, mediante la promulgaci�n del Decreto Supremo No. 746. �ste fue rechazado por el Congreso debido al evidente car�cter antidemocr�tico del mismo. Entre sus puntos m�s controvertidos, se se�alaba que �el sector p�blico y privado proporcionar�n obligatoriamente al Sistema de Inteligencia Nacional las informaciones y documentos que �ste solicite, bajo responsabilidad penal�.

 

Luego del autogolpe, Fujimori pudo reorganizar la inteligencia del pa�s a su entera disposici�n. Mediante el decreto ley No. 25.695 del 21 de julio de 1992, el Sistema de Inteligencia Nacional (SIN) fue dotado de rango ministerial, dependiendo directamente del Presidente de la Rep�blica. Aunque nominalmente el jefe del SIN fue siempre un general del Ej�rcito en servicio activo, el verdadero ejecutor fue siempre Vladimiro Montesinos, el asesor personal de Fujimori.

 

El presupuesto del SIN era secreto y no exist�a ning�n tipo de fiscalizaci�n. Seg�n Alfonso Panizo, jefe del servicio durante el gobierno de transici�n que sucedi� a Fujimori, luego de su hu�da al Jap�n, se rebaj� su presupuesto en una tercera parte, hasta US$ 2,5 millones.[28] Seg�n otras fuentes, el SIN de Montesinos lleg� a contar con un presupuesto anual de US$ 300 millones.[29]

 

Seg�n Juan Velit, actual director de la inteligencia peruana, el SIN fue el �coraz�n palpitante� del sistema que estableci� Montesinos junto a Fujimori y la c�pula militar.

 

Aprovechando el poder que ejerc�a desde el SIN, Montesinos y sus secuaces �muchos de ellos altos mandos de las Fuerzas Armadas y la Polic�a Nacional-pudieron amasar una fortuna de por lo menos US$ 270 millones, ocultaen cuentas secretas en diversas partes del mundo. Esta cuantiosa suma fue lograda mediante la extorsi�n, el tr�fico de drogas, el tr�fico de armas y el robo de las arcas fiscales del pa�s.

 

Igual que en otros pa�ses, el poderoso SIN fue articulado para reprimir la disidencia pol�tica e incluso las veladas cr�ticas que proven�an de las propias Fuerzas Armadas. Por lo mismo, fue incapaz de prevenir, por ejemplo, el conflicto b�lico que estall� con Ecuador, el que encontr� al pa�s sin mayor preparaci�n. En el combate al terrorismo, tambi�n hay diversos indicios sobre su reducida eficacia.


Montesinos supo rodearse de incondicionales. Mediante su influencia sobre Fujimori, logr� catapultar a los m�s altos cargos de las Fuerzas Armadas a hombres de su confianza, la mayor�a de ellos de la especialidad de inteligencia. Fue el caso de los comandantes generales de la Marina y la Fuerza A�rea, Am�rico Ib�rcena y Elesv�n Bello, respectivamente, y el jefe de la Direcci�n de Inteligencia del Ej�rcito, general Juan Yanqui, por a�adidura paisano de Montesinos.[30] Todos se encuentran ahora en la c�rcel, acusados de actos de corrupci�n.

 

Tambi�n est� detenido Roberto Huam�n Azcurra, encargado del SIN para la intervenci�n sobre las comunicaciones telef�nicas e Internet. Adem�s, particip� en el planeamiento y ejecuci�n de los asesinatos de algunos disidentes en la Universidad Nacional de Educaci�n (La Cantuta).

En marzo de 2001, fueron detenidos el jefe del SIN entre los a�os 1992 y 1998, general Julio Salazar Monroe, y el ex jefe del servicio de inteligencia del Ejercito, general Juan Rivera Lazo, ambos retirados, por su responsabilidad en la violaci�n de derechos humanos, espec�ficamente en la masacre de Barrios Altos, ocurrido en Lima en 1991. Esta detenci�n fue posible luego que la Corte Interamericana de Derechos Humanos declarara sin efecto la ley de amnist�a de 1995, con la que el r�gimen de Fujimori pretendi� beneficiar a los mandos militares implicados en cr�menes.

 

Asimismo, en abril de 2002 fueron apresados el ex jefe de inteligencia de la Fuerza A�rea, general Jorge Malpartida, y el ex comandante general de la Marina, almirante Alfredo Arnaiz. Ambos fueron acusados de desviar fondos de sus instituciones a las arcas del SIN.

 

Luego de que se develara la red de corrupci�n encabezada por Montesinos, en noviembre de 2000 el ag�nico gobierno de Fujimori se vio en la obligaci�n de llamar a elecciones presidenciales anticipadas y decretar la disoluci�n del SIN. En su reemplazo, el gobierno present� un proyecto de ley que creaba la Central Nacional de Inteligencia.

 

Su concepto era claramente militar. En su art�culo 1 se afirmaba que la �Central Nacional de Inteligencia es un organismo del Estado, que en su especial naturaleza, cumple funciones reservadas directamente vinculadas con la Defensa Nacional�. En el art�culo 2 se le hac�a depender directamente del Presidente de la Rep�blica. El director integrar�a el Consejo de Defensa Nacional y asistir�a a las sesiones del Consejo de Ministros, con derecho a voz.

 

Sin embargo, el Congreso ni siquiera lleg� a discutir este proyecto, pues el r�gimen se desplom� r�pidamente, y su m�ximo l�der escap� del pa�s.

 

El gobierno de transici�n, encabezado por el pol�tico civil Valent�n Paniagua, debi� partir de cero. Los sucesores de Montesinos en el �rea de inteligencia -general � Juan Campos y vicealmirante � Alfonso Panizo, respectivamente- debieron eliminar todo el personal ligado al ex asesor. La reducci�n fue dr�stica, pues se pas� de 5.000 a 400 funcionarios. Entre ellos, se encontraban 800 miembros de la guardia de seguridad personal de Montesinos.

 

El Congreso aprob� en junio de 2001, la ley No. 27.479 del Sistema de Inteligencia Nacional. Esta ley cre� el Consejo Nacional de Inteligencia (CNI), como cabeza del sistema, y la Direcci�n Nacional de Inteligencia Estrat�gica, como organismo operativo del mismo.

 

De acorde a las nuevas orientaciones democr�ticas de la sociedad peruana, se estableci� en el art�culo 3, que �el Sistema de Inteligencia Nacional tiene como fundamentos la preservaci�n de la soberan�a nacional y la defensa del estado de derecho, enmarcado dentro del estricto respeto de los derechos humanos�.

 

El director del CNI es un cargo de confianza, designado por el Presidente de la Rep�blica. A su vez, depende del presidente del Consejo de Ministros y es miembro nato del Consejo de Defensa Nacional.

 

El CNI est� compuesto por su director, el director de Inteligencia Estrat�gica y representantes del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas y de los Ministerios de Interior, Relaciones Exteriores, Econom�a y Finanzas y Educaci�n.

 

La Direcci�n Nacional de Inteligencia Estrat�gica (DINIE) es el organismo ejecutor del CNI, pues realiza la b�squeda, procesamiento y diseminaci�n de la informaci�n.

 

Se crea una Comisi�n Ordinaria de Inteligencia del Congreso de la Rep�blica que tiene como misi�n fiscalizar el funcionamiento y la ejecuci�n de los recursos presupuestarios del CNI, pero no hay referencia respecto del control de las actividades operativas del mismo.

 

Se crea una Junta Consultiva de Inteligencia, presidida por el director de la CNI y compuesta por los jefes de inteligencia de las Fuerzas Armadas, la Polic�a Nacional y del Ministerio del Interior.

 

En noviembre de 2001, mediante la ley No. 27.589, se quit� el car�cter secreto a la publicaci�n del reglamento de organizaci�n y funciones del CNI. Se les consider� documentos p�blicos y ser�n dados a conocer en el diario oficial del Estado.

 

Igual que en Chile, por ley No. 27.693 de abril de 2002, se cre� una Unidad de Inteligencia Financiera, como complemento a los organismos de inteligencia del Estado.

 

En enero de 2002, el Presidente Alejandro Toledo nombr� como jefe m�ximo del CNI a Juan Velit, reconocido periodista, internacionalista, experto en asuntos militares y ex congresista del partido Per� Posible. La designaci�n del jefe de la Direcci�n de Inteligencia Estrat�gica recay� en el general � del Ej�rcito, Daniel Mora, quien se destac� por su fuerte oposici�n al r�gimen de Fujimori.

 

Por otro lado, parlamentarios gobiernistas han recomendado a la Comisi�n de Transportes y Telecomunicaciones del Congreso que estudie y formule un proyecto de ley que regule los casos y procedimientos en los que proceda interceptar o intervenir las comunicaciones. Hasta ahora, la legislaci�n peruana existente es muy d�bil en la protecci�n de la intimidad de las personas.[31]

 

El atentado terrorista de marzo de 2002, perpetrado tres d�as antes de la visita del Presidente Bush al Per�, puso nuevamente en el tapete de la discusi�n la actuaci�n de los servicios de inteligencia. Para muchos, �stos no han sido lo suficientemente eficientes.

 

El propio Velit reconoci� que la organizaci�n que �l comanda, est� en pa�ales. �Desgraciadamente debo confesar que el CNI estaba desmantelado. Actualmente no tiene instrumentos para trabajar. Principalmente carecemos de personal. Nuestros cuadros no est�n preparados todav�a para asumir tareas delicadas. Preparar un cuadro de inteligencia es un proceso lento. M�s o menos se calcula que se necesitan entre siete a diez a�os para adiestrarlo y ponerlo operativo�.[32]

 

Por su parte, el general � Daniel Mora opin� que fue una total exageraci�n haber desactivado el SIN. Reconoci� que si bien el SIN tuvo demasiado poder durante el gobierno de Fujimori, ello no justificaba su desactivaci�n.[33]

 

En el mismo orden de cosas, un diario cercano a Fujimori considera que entre diciembre de 2000 y enero de 2001 �pr�cticamente todo el personal de la DIN (Direcci�n de Inteligencia Naval) fue dado de baja por el gobierno de transici�n de Valent�n Paniagua�. Sin embargo, seg�n el peri�dico, esta unidad habr�a sido fundamental en la desarticulaci�n de Sendero Luminoso.[34]

 

El gobierno de Toledo no comparte dichas cr�ticas. El Ministerio del Interior, que encabeza Fernando Rospigliosi, otro periodista que enfrent� a Fujimori y Montesinos, ha reforzado su capacidad de inteligencia incorporando a oficiales que en los aos noventa participaron en la captura de Abimael Guzm�n y en el desmantelamiento de Sendero Luminoso. Sus investigaciones ya han dado los primeros resultados, al capturar a los eventuales responsables del citado atentado explosivo en Lima.

 

En todo caso, una debilidad del modelo peruano es la permanencia de una concepci�n que tiende a sobredimensionar la actividad de inteligencia. Hay voces, como la del ex Presidente y general � Francisco Morales Berm�dez, que sostienen que para evitar que el nuevo CNI se convierta nuevamente en un organismo corrupto, es necesario que los Ministerios de Defensa, Interior y Relaciones Exteriores posean direcciones de inteligencia independientes, cuyas actividades sean coordinadas en un comit� interministerial.[35]

 

Hasta ahora, Juan Velit no ha dado muestras de querer modificar la actual estructura de inteligencia que abarca, al menos en el papel, a pr�cticamente todos los ministerios del gobierno.[36]

 

Conclusiones

 

Los servicios de inteligencia del Cono Sur y el Per� est�n en v�as de consolidaci�n, luego de que dichos pa�ses recuperaron la democracia. En este proceso, ha habido aciertos y tambi�n errores. En todo caso, el balance es positivo, pues existe voluntad de las dirigencias pol�ticas para enmendar las deficiencias, y la opini�n p�blica muestra una fuerte vocaci�n para defender sus derechos frente a las eventuales transgresiones provenientes de agencias gubernamentales.

 

Una de las mayores falencias detectadas es la falta de control externo de los servicios de inteligencia. Pese a la existencia de una frondosa legislaci�n, muchas veces la pr�ctica contin�a siendo la antigua, o sea, que las comisiones de control parlamentario son pasivas, formales o act�an reci�n cuando se han consumado los hechos. Un caso muy t�pico es el descrito en el caso de Brasil. All� el Parlamento reaccion� tard�amente, probablemente por desconocimiento, formando una comisi�n de investigaci�n luego que se dieron a conocer graves transgresiones cometidas por la agencia brasile�a de inteligencia.

 

En el develamiento de dichas transgresiones juega un papel fundamental la prensa. La conclusi�n es que si est�n aseguradas las libertades p�blicas y el periodismo independiente puede desarrollarse sin restricciones, �ste se convertir� en el mejor aliado de un control social sobre los servicios de inteligencia.

 

En todo caso, el estudio de los casos demuestra que donde hay menos problemas con la inteligencia es en aquellos pa�ses que han debido comenzar pr�cticamente de cero. Es el caso de Chile y el Per�. Mas todav�a en Chile, donde no exist�a una experiencia anterior en servicios de inteligencia de corte civil.

 

Por el contrario, en Argentina y Brasil, pa�ses que poseen servicios de inteligencia de larga data, las dificultades han sido mayores. �stas han tenido que ver con una tendencia casi ancestral al espionaje dom�stico y a la mantenci�n de pr�cticas operativas desarrolladas durante los gobiernos de facto. Adem�s, ha habido poca voluntad pol�tica para deshacerse de funcionarios comprometidos con dichos reg�menes de fuerza. En dichos pa�ses ser� m�s dif�cil la transici�n, en parte porque este mal uso de los servicios de inteligencia est� fuertemente enraizado no solamente en los propios servicios sino que en amplios sectores de la clase dirigente.

 

Otro hecho resaltante es la permanencia de la influencia de las Fuerzas Armadas en las estructuras de inteligencia de los pa�ses. Esto ocurre especialmente en los casos de Brasil y el Per�. Dicha injerencia de los militares, en algunos casos va en directo desmedro de la participaci�n de los civiles en dichas materias.

 

Por �ltimo, se detecta cierta tendencia al sobredimensionamiento de algunos servicios, tanto en lo que respecta al n�mero de funcionarios, al presupuesto involucrado y a las funciones operativas que poseen. Tambi�n aqu� se da el hecho de que los pa�ses con menor experiencia en el �rea, Chile y el Per�, est�n estructurando servicios m�s bien peque�os, que se est�n especializando en la inteligencia estrat�gica y que restringen o simplemente prescinden de facultades operativas.



[1] A principios de 2002, miembros de grupos subversivos de izquierda chilenos, escapados de su cautiverio, secuestraron a un empresario en S�o Paulo, Brasil. Hay sospechas que el bot�n exigido se utilizar�a para reorganizar la lucha armada en Chile.

[2] Presumiblemente, miembros de una facci�n de Sendero Luminoso hicieron detonar un explosivo en Lima d�as antes de la visita del Presidente George W. Bush, en marzo de 2002. El atentado cobr� la vida de diez personas.

[3] En la zona sur de Chile han surgido grupos de vigilantes, tales como el denominado Frente Com�n para la Defensa de la Tierra y la organizaci�n paramilitar Hern�n Trizano. Para detalles hist�ricos v�ase a Carlos Maldonado Prieto, Right-Wing Paramilitary Groups in Chile, 1900-1950, Low Intensity Conflict & Law Enforcement, Vol. 8, No. 3, London, Autumn 1999, pp. 68-84.

[4] Guillermo Holzmann y Manuel Gallardo, �Funci�n del Sistema Nacional de Inteligencia en un Estado Democr�tico�, Pol�tica, No. 35, Instituto de Ciencia Pol�tica de la Universidad de Chile, Santiago, Primavera de 1997, p. 108.

[5] �Principios generales y marco conceptual de la propuesta de creaci�n del Sistema Nacional de Inteligencia del Instituto de Ciencia Pol�tica de la Universidad de Chile�, Programa Estado, Defensa Nacional y Fuerzas Armadas para el siglo XXI, Santiago, junio de 2001.

[6] Jos� Manuel Ugarte, �Las estructuras de inteligencia en Am�rica Latina�, Foreign Affairs en Espa�ol, Primavera 2002, p. 60.

[7] V�ase la sugerente entrevista al especialista peruano en inteligencia, Andr�s G�mez de la Torre, en �Inteligencia en Debate. �Qu� sistema de inteligencia debe adoptar el Per�?�, Caretas, No. 1722, Lima, 23/5/2002.

[8] Jos� Manuel Ugarte, op. cit.,p. 52.

[9] Ib�d., p. 55.

[10] Declaraciones del general Alberto Cardoso, jefe de la inteligencia brasile�a. En �Agentes de la dictadura y extralimitaciones causan borrasca�, Efe, Brasilia, 3/12/2000.

[11] Incluso han publicado sus propias p�ginas en Internet: www.imspy.freeservers.com y www.seprin.com.

[12] Lu�s Alexandre Fuccille, �A Seguran�a Interna no Brasil P�s-Guerra Fria�, REDES 2001, Center for Hemispheric Defense Studies, Washington, D.C., May 22-25, 2001, p. 10. La misma opini�n se puede encontrar en dos trabajos de Jorge Zaverucha: �As FF.AA. e a Invas�o End�gena�, Insight Intelig�ncia, No. 7, 1999, pp. 96-109, y �Fragile Democracy and the Militarization of Public Safety in Brazil�, Latin American Perspective, Vol. 27, No. 3. June, 2000, pp. 8-32.

[13] Sin embargo, seg�n investigaciones period�sticas, la grabaci�n de di�logos telef�nicos privados del Presidente Cardoso, no habr�a sido iniciativa de agentes corruptos sino una orden expresa de la ABIN. La conclusi�n, basada en un informe de la Polic�a Federal, constar�a en un informe entregado al procurador general de la Rep�blica. �ste inici� un proceso legal contra dos altos mandos y un agente de la ABIN. M�s detalles en Folha de S�o Paulo, S�o Paulo, 17/12/2000.

[14] �El juego secreto del poder�, La Gironda, Santiago, Abril 2002, p. 14.

[15] �Palma denunci� seguimientos de la DINE a parlamentarios�, La �poca, Santiago, 28/11/1990, p. 10.

[16] V�ase detalles en Carolina Garc�a de la Huerta y Francisco Javier Piriz, Pi�era versus Matthei, Santiago, 1993.

[17] �Revisar�n normas y actividades de servicios de inteligencia�, El Mercurio, Santiago, 3/9/1991, p. C02.

[18] Isidro Sol�s, el primer director, es abogado de derechos humanos y anteriormente fue director de Gendarmer�a, servicio que se encarga de las c�rceles. �ngel Flisfisch fue director por escasos seis meses. Es un reconocido cientista pol�tico y por a�os ha ocupado altos cargos en el Ministerio de Defensa. Mario Papi, el tercer director, es abogado y fue senador del Partido Radical Socialdem�crata. Gustavo Villalobos dirige actualmente el servicio. Es abogado y fue jefe del Departamento Jur�dico de la Vicar�a de la Solidaridad, organismo de la Iglesia Cat�lica que se destac� en la defensa de los derechos humanos durante la dictadura militar. En el ejercicio de su profesi�n debi� soportar las persecuciones de la CNI, incluso un breve per�odo de detenci�n y torturas psicol�gicas.

[19] �El Ej�rcito apoya la creaci�n de Agencia Nacional de Inteligencia�, El Mercurio, Santiago, 6/10/2001.

[20] Teniente Coronel Christian Slater Escanilla, �Sistema de Inteligencia Nacional para Chile. Un paradigma del pasado�, Memorial del Ej�rcito de Chile, No. 466, Santiago, 2001, p. 64.

[21] Ib�d, p. 65.

[22] Coronel Guillermo del Castillo Pantoja y Teniente Coronel Marcos Vera N��ez, �Descripci�n de un sistema de inteligencia para Chile�, Ib�d, p. 91.

[23] Guillermo Holzmann, �Una propuesta ideal�, La Gironda, op. cit. , p. 19.

[24] �Semana decisiva para la ANI. Debaten dependencia y c�mo nombrar director, http://www.elmostrador.cl, Santiago, 13/5/2002.

[25] �Agencia de Inteligencia�, El Mercurio, Santiago, 10/5/2002, p. A3.

[26] �Pamela Pereira: ANI es un monstruo de dos cabezas... el ciudadano queda absolutamente desprotegido�, La Segunda, Santiago, 16/5/2002.

[27] Jorge Santistevan de Noriega, �Discurso Sim�n Bol�var sobre Democracia y Derechos Humanos�, Colecci�n de Documentos Acad�micos, No. 2, Instituto de Cooperaci�n para la Seguridad Hemisf�rica (WHINSEC), Fort Benning, Georgia, 2002, p. 5.

[28] Efe, Lima, 25/10/2001.

[29]Organizaci�n y presupuesto de la polic�a pol�tica fujimorista�, http://www.huamanazcurra.tripod.com/SIN/id1.html.

[30] C�mo Opera el SINA. Todos los servicios llevan informaci�n hacia Montesinos�, Caretas, No. 1464, Lima, 8/5/1997.

[31] �Entrevista a Marciano Rengifo: Fuerzas Armadas est�n curadas del chuponeo�, El Comercio, Lima, 5/2/2002.

[32] �Inteligencia sin Espejismos�, Caretas, No. 1722, Lima, 23/5/2002.

[33] Declaraciones a CPN Radio, Lima, 8/4/2002.

[34] �Desactivaci�n de Inteligencia Naval permiti� rebrote del terror�, Expreso, Lima, 14/4/2002.

[35] �Consejo Nacional de Inteligencia deber�a ser perfeccionado�, RPP Noticias, Lima, 30/4/2002.

[36] �El sencillo Juan Velit y la pesada herencia de Montesinos, El Peruano, Lima, 18/4/2002.